Sep 152014
 
 15 septiembre, 2014  Publicado por a las 11:11  Añadir comentarios
Survival Zombie: Lost Archives son una serie de posts ficticios basados en los Real Games de WRG y las Survivals Zombies organizadas por todo el territorio español.
Cornelius Tamphels, es el encargado de investigar cada nuevo brote y su misión es descubrir porque, cuando y dónde tendrá lugar el siguiente.
Si quieres participar te recomiendo que consultes la página oficial. www.survivalzombie.es dónde encontrarás, todas las fechas y lugares de las siguientes infecciones.

 

Había llegado el momento de abandonar Collado Villalba. La información que los mercenarios de Pablo habían conseguido de la lista de científicos de WRG era falsa. Estaba claro que desde el principio La Corporación había ido un paso por delante pero había llegado el momento de cambiar la situación y Cornelius tenía muy claro cuál sería su siguiente movimiento. Esta vez las cosas iban a ser muy diferentes.

Estaba a punto de amanecer y el caos se había apoderado por completo de Villalba. Hordas de zombies seguía recorriendo los callejones sin salida. Los Z’s seguían corriendo por un trozo de carne fresca. En cada rincón, en cada agujero, se podía ver el cuerpo de algún superviviente destrozado a dentelladas, agonizando, en el mejor de los casos muerto. A punto para levantarse de nuevo y seguir con este círculo sin fin. Todo parecía igual.
Survival Zombie - Camión
Los pocos supervivientes que se mantenían con vida intentaban llegar al punto de extracción del ejército antes de que una detonación de 3 megatones borrara todas las huellas de lo ocurrido durante horas. Era su forma habitual de proceder. Infectar una ciudad, ver la reacción de las nuevas modificaciones genéticas en el virus y observar la manera de actuar de los supervivientes. Un cazador perfecto y meticuloso, paciente, esperando su momento para liberar su verdadera furia. Esto no eran más que pruebas de laboratorio en un laboratorio muy grande y con demasiadas personas. Demasiadas preguntas, demasiados curiosos. Un bombazo a tiempo siempre evitaba todas esas preguntas molestas.

Y los pocos supervivientes que lograban ser evacuados en helicóptero no corrían mejor suerte. De saberlo se habrían pegado un tiro antes de largarse de la ciudad. Ellos eran los nuevos conejillos de indias para los experimentos avanzados. Habían demostrado sus habilidades sobreviviendo a los ejemplares que La Corporación había preparado durante meses y eso merecía un premio especial.

A mi derecha los gritos de un superviviente que había dejado de serlo. Los gruñidos de ese Z disfrutando de carne fresca, mordiendo, arrancando, escupiendo y mordiendo de nuevo no dejaban lugar a dudas. Sin embargo ya no quedaba nadie para contemplar tal horror.

Como en cada nuevo brote de infección los militares estaba recogiendo su material y preparándose para abandonar la zona de combate. Ya nadie prestaba atención a sus actividades. Podían actuar con total impunidad, ningún vecino seguía en las calles a esas horas y los pocos que pudieran ver lo que ocurría desde las ventanas de sus apartamentos pronto estarían bajo toneladas de escombros que algún infeliz limpiaría a la mañana siguiente.

Estar infectado con el virus no era ninguna protección contra otros zombies. Cornelius lo había comprobado cuando ese Z con alpargatas y pijama a rayas intentó morderle el cuello. La ventaja es que aún podía actuar como las personas y con un piano de cola a mano Cornelius era imparable. Ese zombie no lo vio ni venir. A escasos metros antes de llegar a su presa 220 kilos de madera de pino gallego al tinte nº4 con sus correspondientes patas de caoba importada y todas las demás piezas del piano de cola lo aplastaron con fuerza contra el asfalto. Ningún zombie podía sobrevivir al ataque de un piano de cola, ni siquiera un Z.

Estaba cerca de su objetivo. El camión ya estaba casi cargado con todo el material de las pruebas. Listo para llevarlo a su próximo destino. Tenía que entrar allí.

La zona estaba demasiado despejada así que la mejor opción para llamar la atención de los guardias era montar una fiesta en el otro lado de la calle. Con tanta horda suelta no sería un trabajo difícil. Un par de golpes en el parabrisas de ese Aston Martín aparcado en la acera de enfrente y la alarma haría el resto.

A los pocos minutos cientos de zombies empezaban a llegar. Los militares desbordados intentaban controlar el perímetro pero con tan pocos efectivos tarde o temprano iban a probar su propia medicina. Como era de esperar los guardias del camión abandonaron su puesto y corrieron hacía el perímetro para detener a las hordas de zombies. El primero en caer fue Fernández. Unos brazos que se extendían desde el suelo le agarraron el pie derecho. Casi medio segundo después Fernández estaba en el suelo intentando zafarse de esas garras que luchaban por un trozo de carne fresca. Todo ocurrió demasiado rápido y un simple mordisco bastó para que la infección se propagara por el interior del recinto. Gritos, disparos…siempre acababa igual.

Era el momento. Había que subirse a ese camión antes de que el conductor decidiera que había llegado el momento de largarse. Y por su cara parecía que ese momento no tardaría en llegar.

Había varias cajas con material, armas…si tenía que escoger al menos que fuera un viaje cómodo. Suministros médicos y ropa. Allí podría echarse una buena siesta. En la caja solo ponía Chera.


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Aven

Historiador y Aventurero de día, Mago y Guerrero de noche siempre me ha gustado combinar la afilada hoja de mi espada con una bola de fuego o una tormenta de rayos.
Son... argumentos contundentes.

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