ene 042016
 

11 – Mañana.

─Yo… era humano… ─no entiendo lo que significa aquello y miro a los ojos de Ariel para que me de respuestas, aunque en mi mente empiezan a dibujarse más escenas haciéndome recordar mi pasado.
─Sí, eras humano y yo… el ángel custodio de tu madre.
Aquello si que me pilla por sorpresa.
─¿El ángel custodio de mi madre? ¡Pero si eres un ángel de la muerte!
Ariel agacha la mirada.
Relatos de Fantasía - Disparo
─Ese fue mi castigo por segar tu alma ─entre los dos se hace el silencio─. No me correspondía a mi subirte a Paraíso, pero era la única forma de hacer que Serrah dejase de sufrir… Dios me castigó, por extralimitarme en mis quehaceres y me otorgó este aura de melancolía que siempre me envuelve, obligándome a volverme un ángel de la muerte, en lugar del ángel custodio que era.
─¿Y se suponía que debía estar postrado en la cama muriéndome de dolor físico? ─empiezo a estar enfadado con el jefe. ¿Cómo podía permitir que su propia creación padeciese como estaban padeciendo los miembros de su familia? ─¿Y mi madre? ¿Tenía que vivir en esa eterna tortura?
Noto algo en mi interior que antes no había sentido. Rabia, y los ángeles se supone que no sentimos rabia ¿Y si soy yo el renegado?

─Tú tenías un destino más trascendental… ─Ariel me mira a los ojos y mantiene un prologado silencio que incrementa la dramatización de la escena─ Nael, tú estabas destinado a ser un metaángel ─vuelve a emitir ese silencio trascendental─. Un alma blanca que se transformaría en uno de los guerreros definitivos, con más poder que los Serafines.
Ariel cae al suelo derrotado y abro los ojos sorprendido. Siento pena por él y me acerco a ponerle una mano sobre el hombro.
─Supongo que si hubiese estado en tu situación hubiese hecho lo mismo.
─No lo entiendes, Nael. Tu vida como humano fue dura y dolorosa, y aquí hubiese podido ser sublime, hubieses sido uno de los paladines de los ángeles, hubieses liderado ejércitos de Serafines en la lucha contra los demonios…

─Da igual, Ariel. No importa lo que seamos ─miro hacia el puesto de control y luego agacho la cabeza hacia él, que empieza a levantarse─. Lo que es injusto es que te castigasen a ti. Solo estabas haciendo lo que creías mejor para tu protegida.
Y la rabia que siento por la injusticia cometida con él sigue creciendo. ¡Por el amor de Dios! ¡Yo era un niño enfermo! ¿Cómo pretenden que haya misericordia en la Tierra si aquí se ejecutan los peores castigos que he visto? ¿Cómo han podido atar a este pobre ángel a ese aura de tristeza eternamente? Condenarlo a una vida de soledad…

─Sabes, Ariel… Ahora te recuerdo, ahora sé que no me importaba tu presencia a mi lado. Creo que sabía, o volveré a saber acostumbrarme a tu presencia. ¿Por qué no seguimos con nuestras vidas?
Él levanta la vista y me mira a los ojos asintiendo con la cabeza.
─Y ya se nos ocurrirá algo para que el jefe te levante el castigo. A lo mejor cuando este chisme funcione y tenga más metaángeles se le pasa el mosqueo. Aunque me da a mi, que es un tipo algo rencoroso; fíjate en los hombres ¿cuánto tiempo hace desde que le pegaron el bocado a la manzana?
Ariel parece sonreír.

─Voy a volver a casa. El demonio ese sigue suelto y Baliel está fuera de casa. No me gustaría que le pasase nada. Aunque deberíamos avisar a los Serafines.
─Tranquilo. Ya me encargo yo. Creo que Raziel sigue pensando que tú puedes ser el renegado y no ayudaría mucho que te relacionasen con el asesinato de ese pobre.
Miro hacia el callejón donde descubrí al demonio comiéndose al ángel. ¿Qué nos pasa a los ángeles cuando morimos?
Finalmente termino marchándome de allí de vuelta a mi casa. Estoy algo nervioso por todo lo que he descubierto, aunque todavía me falta averiguar quién es el demonio e intentar pararlo, porque tengo la extraña sensación de que no es la última vez que mi destino se tiene que cruzar con él.
Desde la calle veo luz en casa.
─Juraría que lo había dejado apagado todo. A lo mejor Baliel ya ha regresado…

Subo, abro la puerta y lo primero que escucho es: “Llévalo allí mañana”. No es la voz de Baliel, y tampoco parece que tengamos visita. ¿Los ángeles salimos a visitar a nuestros amigos los otros ángeles? La verdad es que se me hace curiosa la imagen de ver una casa llena de ángeles tomando el té y unos pastelitos. El recuerdo de mi vida mortal me hace sonreir. Sí, en mi casa, antes de que yo cayese enfermo, solíamos tener las visitas de las amigas de madre. Incluso creo escuchar sus risas estridentes y banales. Me descubro sonriendo y me adentro en el salón.
Baliel está sentado en el sofá viendo la tele. Un programa de noticias sobre Paraiso…
─¿Estás solo? ─le pregunto─ Me ha parecido escuchar a alguien más.
Él me mira sorprendido y asiente con la cabeza.
─Claro… Supongo que sería la televisión.
Le sonrío y me siento a su lado como puedo. El dolor de las alas regresa incrementado por el esfuerzo que he hecho hoy.
Encuentro a Baliel un poco raro. No está tan hablador como otros días.
─¿Te encuentras bien? ─le pregunto.
─Sí ─responde secamente.

Baliel se levanta del sofá y se va a su dormitorio. Parece andar de una forma algo extraña, más o menos como yo cuando me duelen las alas, que es prácticamente todo el rato. Pienso que a lo mejor es que se ha emborrachado, aunque dudo que en Paraíso tengamos sitios donde podamos beber hasta la saciedad. Cuando veo que se tambalea, me levanto inmediatamente y le ayudo a mantenerse en pie.
─¿Qué te pasa Bal? ─me sorprendo a mi mismo tratándolo con esa familiaridad.
─¡Nada!, déjame, en serio. Estoy bien ─y me aparta de un manotazo que le causa más dolor a él que a mi.
Me separo de él y me miro la mano. La tengo llena de sangre y es entonces cuando veo que su ropa empieza a calar. Está herido, en el hombro. Juraría que es en el mismo sitio en el que Ariel ha herido al demonio. Entonces eso quiere decir…
─Lo siento, Nael… pero esto es por nuestra liberación ─me apunta con un arma que es una versión reducida de la lanza de Ariel y sin pestañear, dispara.
Solo veo una ráfaga de luz que me entumece todo el cuerpo y me noto caer al suelo y como mi cuerpo lo golpea pesadamente.
Luego todo es oscuridad. Otra vez

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Simón Bellido Fernández

Yo antes era como vosotros, un hombre “responsable”, con mi trabajo, mis obligaciones, mis aficiones… Hasta que encontré la puerta que me llevó hacia allí.
Y empezó mi nuevo trabajo, dar forma a aquel mundo salvaje. Dibujé, diseñé, escribí y moldeé, todo para volver Árilan un mundo mejor…

Recientemente ha publicado con 2.0 Books Tenebris, la primera parte de la saga El Círculo de Hefesto

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