«Se encogió cuanto pudo en ese hueco que los setos dejaban con el muro. No iba a aguantar a ese fantoche ni un minuto más. Estaba harta de pretendientes estúpidos, ridículos y pomposos.»
Así comienza «Tierras de luz, tierras de sombra«, segunda novela publicada de María Martínez Ovejero.
Fantasía juvenil es la casilla en la que se ha enmarcado a esta novela. En ella un viaje en busca de cuatro valiosas gemas te llevará a descubrir un mundo paralelo donde la magía existe, pero en el que el equilibrio entre el mal y el bien dependerá de las decisiones de una simple humana. O tal vez no.
Esta joven escritora apasionada de los libros, tras no encontrar en ellos esa historia que ansiaba, ha decidido crearla, y gracias a su redacción sencilla y cuidada ha conseguido concebir ese ambiente que incita a leer capítulo tras capítulo y sus 370 páginas pasan sin darte cuenta, venga sólo una más…
Además conocerás personajes inconformistas, idealistas, orgullosos y pacientes, pero también inseguros, con sus propias cargas y sus defectos, que serán protagonistas de multitud de situaciones a lo largo de los meses en los que no faltarán las grandes traiciones, las historias de amor, de superación, de envidia o de odio, de evolución personal, de lealtad.
Sinopsis en la contraportada del libro
Dos mundos unidos por un portal. De un futuro que no podía cambiar, a otro cuya supervivencia dependía solo de su decisión de luchar. Adelle emprenderá un viaje con una misión, y descubrirá la amistad, el valor y la magia, pero también el miedo, el peligro y… ¿la traición? Cuatro gemas, cuatro magos, cuatro pruebas y un único objetivo: devolver la vida a una reina que pondrá fin a la oscuridad.
Mi opinión
Sorpresa. Si, grata sorpresa al encontrarme con ganas de saber más. El mundo que ha creado María sin abusar de largas y detalladas descripciones, es variado, amplio y fresco. Deja espacio para que el lector desarrolle en su imaginación los detalles, pero consigue encauzar la esencia del ambiente en el que nos movemos. Mundos de césped azul o edificios que se funden con el cielo.
¡¡No hay mapa!! Si, ya sé que me pongo pesada con lo de los mapas y que no es cuestión de vida o muerte a la hora de publicar una novela pero, un mapa con sus bosques y ríos serpenteantes, con los acantilados irregulares y el estruendo de las olas al impactar en las rocas, con sus grandes montañas y sus desiertos infinitos… Mapas a parte (sniff, sniff), tal vez lo que menos me ha gustado han sido las conversaciones entre dos de sus protagonistas. Aunque en un principio me sacaron alguna sonrisa y reconozco que me las he imaginado perfectamente, y que reflejan un gran sentimiento de amor-odio, en algún momento las he encontrado excesivamente repetitivas e infantiles.
En contraste con ese detalle, a medida que pasan las páginas, me encariño con un personaje y me aferro a la idea de que cumplirá su misión y todo volverá a ser como antes, como si el tiempo no hubiera pasado gracias a la magia. Porque la magia puede hacer eso. Pero a partir de la página 140 una sombra de duda se cierne sobre mi. La historia deja de ser un cuento y me atrapa. Algo muy malo va a pasar, lo presiento…
¿Para cuando una segunda parte? Porque quiero creer que habrá una segunda parte, quiero saber si Adele podrá enfrentarse a un futuro, ¿cómo reaccionará Youri a la pérdida de lo que comenzaba a conocer? y ¿qué demonios pretende Iuri a estas alturas? (Acabo de darme cuenta de una cosa Youri y Iuri ¡¡mmmmmm!! ) Demasiadas incógnitas para un final.
Nació en 1987 en Talavera de la Reina. Cursó estudios de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad amplía su formación con estudios en Criminología en la UDIMA. En enero de 2014 publicó Recuérdame, su primera novela. Tierras de luz, Tierras de sombra supone su incursión en el mundo de la fantasía, sin abandonar la literatura de corte juvenil.
Si quieres saber algo más de esta autora puedes leer la entrevista que le hemos hecho.
Tierras de luz, tierras de sombra
Autor: María Martínez Ovejero
Editorial: Éride Ediciones

«La criatura nació una noche en que la luna se volvió roja, presagio seguro de terribles males que asolarían la Tierra de Enda.»
«La nieve se arremolinaba en todos los puntos que alcanzaba la vista y apenas se advertía movimiento alguno entre los abetos blancos.»

