Feb 142014
 
 14 febrero, 2014  Publicado por a las 11:11  Añadir comentarios

Magia. Acerco mi mano izquierda al ratón y sitúo el puntero sobre el recuadro del buscador. Clic.

Tecleo M a g i a.

Aproximadamente 32.500.000 resultados en (0,47 segundos). Parece ser que eso no es magia, pero a mi me lo parece. La primera entrada me sugiere que lea la wikipedia. Son casi las diez de la noche, tengo hambre y el culo cuadrado después de toda la tarde sentada frente al ordenador, así que mientras tu leías este párrafo, mi mano, sin apenas consultar a mi cerebro, ha hecho clic en la entrada de la wiki.

La magia es el arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales.

No me convence esta descripción. Me levanto y busco en el diccionario de la real academia española de la lengua, en su vigésima primera edición. Un tomo grande y pesado digno de la mejor biblioteca de magos.

La magia es el arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de espíritus, genios o demonios, efectos o fenómenos extraordinarios, contrarios a las leyes naturales.

¡¡Estos académicos siempre tan explícitos!!

Las extremidades de mis manos se deslizan sobre el teclado a una velocidad imposible. Y de la nada las ideas brotan, fluyen por mi cuerpo hasta llegar a mis dedos que se mueven en un frenesí incontrolable. La magia, algo desconocido por la mayoría de los mortales, inexplicable pero atrayente, ¿engaños o poderes sobrenaturales? Tal vez una forma de dejar volar la imaginación y creer que somos capaces de más. Pienso en mis ideales de magos y surgen sin más, influenciada por lo que he leído durante todos estos años (o durante mi corta existencia ¡según se mire!), por los protagonistas de películas o dibujos con los que he crecido (Merlin, El amo del calabozo, Gandalf, Ged, Paladine, Dumbledore, Saruman, Gargamel, Elodin…) y por las ideas de tantos otros lectores que acaban convirtiéndose en creadores de cartas, de cómics, de ilustraciones y nuevas historias que dan forma a estos personajes.

By Nidoart

El mago, ese ser de mirada perdida, largas barbas blancas, despiadado pero con la suficiente inteligencia para controlar sus más oscuros instintos; más listo que nadie, o más loco que todos. Con el poder de invocar a los cuatro elementos con la única ayuda de un gran báculo, un susurro, una palabra ininteligible o sin ayuda de nada. ¡Es un mago! Enigmático pero afable. Podría ser Gandalf pero habría que equiparlo con un kit extra de habilidades adicionales, que como mago con poderes sobrenaturales deja mucho que desear.

La maga, ¡ayyy la maga! Son pocas, muy pocas, las magas reconocidas como tales en el universo imaginario. Más que magas en los mundos de fantasía nos encontramos con brujas, hechiceras, sacerdotisas, pitonisas o ninfas; con ese aire embaucador que las envuelve gracias a sus efectos seductores, sus atractivos cuerpos, de miradas fascinantes y cautivadoras. O no. O brujas feas y arrugadas que utilizando pociones y ungüentos consiguen los objetivos más anhelados por ellas o sus clientes, para los que, a fin de cuentas el resultado será mágico, o desastroso… Pero una maga, una maga debería ser un personaje igual de imponente que un mago. De porte altivo, fibrosa pero maltratada por el paso del tiempo y la multitud de enfrentamientos a los que se habría visto abocada. El pelo blanco, por supuesto. Un blanco luminoso símbolo de la virtud, la espiritualidad y la clarividencia. Pero también con ese lado maléfico, asociado a la muerte y simbolizado por la luna, la lividez o la mortaja. Sabíais que en Asia el cabello blanco se suele asociar con los demonios o los personajes malos. Pues sí.  Sería el rasgo perfecto para una maga que debería equilibrar la balanza entre el bien y el mal.

Estarás pensando… ¿sólo te sirven magos viejos? Pues también sí, sabe más el diablo por viejo que por diablo y como los magos tienen que ser sabios, porque sino la liarían parda, pues no me queda más opción que creer en mis magos y magas viejas, ancianas me gusta más… ¡o magos-elfos!

Recuerdo una reunión ¿o no la recuerdo? De esas que se convocan de repente, que revuelven el estomago sin tiempo suficiente para tomar unas sales de frutas. Aquella no tenía visos de llegar a buen puerto y nuestra presencia había sido requerida en el momento menos adecuado. Malditas palabras que obligaban a abandonar todo aquello que tuviera entre manos. Tanto daba si me encontraba tecleando como una loca, inspirada por mi muso; en lo alto de una colina con el báculo alzado, en medio de una batalla por la defensa del Cerro de los siete colores; encima del Empire State repeliendo una jauría de almas desbocadas; atravesando el gran mar de los Sargazos; en medio de una tormenta de asteroides luchando contra las fuerzas del Supremo Comandante militar de la Confederación de Sistemas Independientes, o volando a lomos de un dragón dorado sin rumbo concreto, en busca de nuevas aventuras con mi nívea melena al viento.

La presencia requerida era inevitable para un mago, y sólo había que echar un vistazo a la gran sala para darse cuenta de ello. Magos y magas de todos los mundos, y todas las razas conocidas y desconocidas, nos encontrábamos allí en aquel mismo instante. No faltaba ninguno. No podían faltar. Habíamos sido llamados. Un silencio más allá de lo sepulcral se apoderó de la inmensa sala. Ni el eco se oía. Los tres silencios de la taberna Roca de guía juntos no eran ni una décima parte del silencio que allí reinaba. Que digo, ni siquiera el silencio de un estudio de música sin músicos ni ser vivo arrastrándose por la moqueta recién aspirada podía compararse. ¿El espacio es silencioso?. En fin, mucho silencio. Una repentina niebla empezó a filtrarse entre los fríos adoquines del suelo. Los espejos de las paredes desaparecían tras ellas, descubriendo que no éramos tantos como en un principio me había parecido. Era una bruma como de discoteca, así para crear ambiente, ni demasiado gris ni demasiado opaca. Pero densa. No se fumaba. Y justo en medio de la infinita habitación, un pequeño gnomo-mago era enfocado con un rayo de luz que nadie habría podido asegurar de dónde procedía. Como si de un presentimiento se tratase todos y cada uno de los presentes dirigimos nuestra mirada hacia el pequeño ser.

Ha llegado hasta nosotros la pregunta que estábamos esperando. Nos corresponde a todos darle respuesta. Aunque cada vez seamos menos aun somos muchos, y únicamente una respuesta unánime será la elegida. No sirve cualquiera. De ella dependerá nuestro futuro papel en el universo. Espero que estéis preparados y que las prisas por lo que habéis dejado fuera no os lleven a precipitaros.

Dicho esto desapareció y sobre el lugar que había ocupado comenzaron a aparecer letras que revoloteando cual luciérnagas se colocaban en un orden aparentemente ininteligible. Flotaban como si de su equilibrio dependiera el destino del universo. Poco a poco una frase fue tomando forma, iluminando los rostros confusos de los allí convocados. Era una frase sencilla. Una pregunta tal vez intuida por muchos, de esas que estas pensando que tu también te has planteado alguna vez. Una frase que sientes que forma parte de ti. Tan simple y compleja a la vez que a simples mortales les llevaría toda una vida de eternas discusiones darle respuesta. «¿Magia es soñar?»

¡Habíamos sido llamados!

Nunn

Nunn Ya de niña tenía la cabeza en las nubes. Con el paso del tiempo fue perdiendo las nubes y ganando en sabiduria, realista e inocente a la vez. Buscadora y recolectora de todo aquello que pueda serle útil, comienza el día al amanecer como las alondras porque el sol es su energía y recorre las tierras buscando hierbas, setas y manantiales.
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Una pregunta sobre magia, por Nunn
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Nunn

Ya de niña tenía la cabeza en las nubes. Con el paso del tiempo fue perdiendo las nubes y ganando en sabiduría, realista e inocente a la vez. Buscadora y recolectora de todo aquello que pueda serle útil, comienza el día al amanecer como las alondras porque el sol es su energía y recorre las tierras buscando hierbas, setas y manantiales.

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